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Historia de la estética: Antigüedad Clásica

diciembre 27, 2009

Historia de la estética

De Wikipedia, la enciclopedia libre

El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, ejemplo arquetípico de belleza clásica.

Los cinco sentidos, de Hans Makart.

El Hombre vitruviano, de Leonardo da Vinci, estudio de las proporciones en el cuerpo humano.

La Historia de la estética es una disciplina de las ciencias sociales que estudia la evolución de las ideas estéticas a lo largo del tiempo. La estética es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la manera cómo el razonamiento del ser humano interpreta los estímulos sensoriales que recibe del mundo circundante. Se podría decir, así como la lógica estudia el conocimiento racional, que la estética es la ciencia que estudia el conocimiento sensible, el que adquirimos a través de los sentidos.[1] Entre los diversos objetos de estudio de la estética figuran la belleza o los juicios de gusto, así como las distintas maneras de interpretarlos por parte del ser humano. Por tanto, la estética está íntimamente ligada al arte y al estudio de la historia del arte, analizando los diversos estilos y periodos artísticos conforme a los diversos componentes estéticos que en ellos se encuentran. A menudo se suele denominar la estética como una “filosofía del arte”.[2]

El término estética proviene del griego αἴσθησις (aísthêsis), “sensación”. Fue introducido por el filósofo alemán Alexander Gottlieb Baumgarten en su obra Reflexiones filosóficas acerca de la poesía (1735), y más tarde en su Aesthetica (1750).[3] Así pues, la Historia de la estética, rigurosamente hablando, comenzaría con Baumgarten en el siglo XVIII, sobre todo con la sistematización de esta disciplina realizada por Immanuel Kant. Sin embargo, el concepto es extrapolable a los estudios sobre el tema efectuados por los filósofos anteriores, especialmente desde la Grecia clásica. Cabe señalar, por ejemplo, que los antiguos griegos tenían un vocablo equiparable al actual concepto de estética, que era Φιλοκαλία (filocalía), “amor a la belleza”. Se podría decir que en Grecia nació la estética como concepto, mientras que con Baumgarten se convierte en una ciencia filosófica.

La estética es una reflexión filosófica que se hace sobre objetos artísticos y naturales, y que produce un “juicio estético”. La percepción sensorial, una vez analizada por la inteligencia humana, produce ideas, que son abstracciones de la mente, y que pueden ser objetivas o subjetivas. Las ideas provocan juicios, al relacionar elementos sensoriales; a su vez, la relación de juicios es razonamiento. El objetivo de la estética es analizar los razonamientos producidos por dichas relaciones de juicios. Las ideas evolucionan con el tiempo, adaptándose a las corrientes culturales de cada época. Dicha evolución será por tanto el objeto de estudio de la Historia de la estética.

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Antigüedad clásica

El Diadumeno, de Policleto.

Grecia

Para los griegos preclásicos –como se puede percibir en la obra de Homero–, la belleza era tanto la natural como la de un objeto hecho por el hombre, si bien no tenía una definición clara y se asociaba generalmente con otras cualidades: lo bello (τò καλόν) es lo que gusta, lo que resulta grato a la mirada del espectador.[4] El pensamiento preclásico era mitológico, interpretaban el mundo a través de mitos, fábulas. El μύθος (mýthos) permitió la aparición de otro tipo de pensamiento, el λόγος (lógos), más lógico y reflexivo, interpretando el mundo en base a conceptos físicos, y dando lugar a la filosofía. Hesíodo representa el paso entre este pensamiento mítico y el lógico, explicando el origen de los conceptos mitológicos de manera racional. El primero en plantearse el mundo de forma racional fue Tales de Mileto, que comienza a fijarse en la naturaleza, deduciendo sus leyes. Posteriormente, Pitágoras comienza a interpretar la naturaleza en base a relaciones matemáticas: en su estudio de la música se da cuenta de que depende de proporciones matemáticas, en base a la longitud de las cuerdas tensadas en los instrumentos musicales; partiendo de aquí crea una teoría terapéutica de la música, la cual es capaz de restaurar la armonía del alma del ser humano.[5]

Durante la era de Pericles, en el llamado periodo clásico griego, el arte goza de un gran esplendor, generando un estilo realista de interpretar la realidad: los artistas se basan en la naturaleza en base a unas proporciones y unas reglas (κανών, canon) que permitan la captación de esta realidad por parte del espectador, recurriendo si es necesario al escorzo. Se persigue un concepto de belleza basado en la realidad natural pero idealizado con la incorporación de una visión subjetiva que refleja la armonía de cuerpo y alma, equiparando belleza con bondad (καλοκαγαθία, kalokagathía).[6]

Uno de los primeros filósofos en ocuparse de temas relacionados con la estética –sobre todo el arte y la poesía– fue Demócrito, quien bajo una actitud empírica estudió el arte de forma más descriptiva que conceptual, considerándolo reflejo de la obra natural del hombre, basado en la naturaleza y con un objetivo tendiente al placer. Más tarde, los sofistas –como Protágoras y Gorgias– consideran la belleza como “lo que produce placer por medio del oído y de la vista”, relativizando el concepto de belleza como algo diferente para cada individuo. Sócrates opina que el arte es la idealización de la naturaleza, y que cuando representa al ser humano no lo hace tan sólo en cuerpo sino también en el alma, estableciendo por primera vez el concepto de belleza espiritual, contrariamente al de belleza física que había defendido hasta entonces la filosofía griega.[7]

Platón

Platón.

Platón fue el primero que trató sobre conceptos estéticos como centro de muchas de sus reflexiones, sobre todo en temas relativos a la belleza: en Hipias mayor habla de la belleza de los cuerpos; en Fedro, de la belleza de las almas; en El banquete, de la belleza en general. Percibimos pues una clara evolución: de la búsqueda de una noción general de belleza del Hipias, utilizando el sistema socrático de comparación, deduce en el Fedro que la belleza está más allá de la realidad que nos envuelve; por último, en El banquete, identifica la búsqueda de la belleza con la propia vida humana, siendo el amor la forma de acceso. Asimismo, en el Protágoras, habla del arte, que es la capacidad de hacer cosas por medio de la inteligencia, a través de un aprendizaje. Para Platón, el arte (τέχνη, téchne) tiene un sentido general, es la capacidad creadora del ser humano.[8]

  • Hipias mayor: utilizando un diálogo entre Hipias y Sócrates, Platón busca la belleza perfecta, la “belleza ideal platónica”. Proporciona varias definiciones de belleza, como la “conveniencia”, la adecuación a una finalidad, que hace que un objeto parezca bello; o la “utilidad”, relacionando la belleza con el bien, con la dimensión moral (la belleza conduce al bien, en relación causa-efecto).[9]
  • Fedro: en este texto Platón explica de forma mítica el origen del ser humano, así como su teoría del conocimiento basado en las “ideas”. Sócrates cuenta a Fedro que el alma es como un carro tirado por dos caballos, uno manso y otro bravo, dirigidos por la razón. Este alma se encuentra originariamente en el mundo de las ideas, pero al encarnarse en un cuerpo las olvidan en mayor o menor grado. Para Platón, el conocimiento es el recuerdo de estas ideas. La materia es “sombra de las ideas”, que a través del estímulo que ofrecen pueden conducirnos a ellas, a través de un procedimiento que identifica como “amor” (έρως, éros). Así, el amor por las cosas bellas puede conducirnos a la idea de belleza, a la belleza perfecta, ideal.[10]
  • El banquete: Platón manifiesta que el hombre tiene inclinación a buscar la perfección, la belleza, y que esta se puede conseguir a través del amor, que es un camino de conocimiento, una energía que nos orienta. Distingue dos clases de amor: el “popular”, relacionado con el cuerpo, las formas y las acciones; y el “celestial”, asociado a la virtud y el intelecto. El amor es la búsqueda de la belleza –que relaciona con la verdad–, primero la belleza física (amor de los cuerpos), y después la belleza espiritual (amor de las acciones), llegando por fin a la belleza ideal, al amor por la ciencia. Se pasa pues del cuerpo a la virtud, y de aquí a la esencia. El amor ideal –el llamado “amor platónico”– es infinito, no tiene tiempo ni forma.[11]

Platón será así el origen de dos de las teorías sobre la belleza más defendidas a lo largo del devenir histórico: la belleza como “armonía y proporción” y la belleza como “esplendor”. Postula que la belleza es independiente de su soporte físico, así como que no depende de la visión, que a menudo nos engaña: la visión sensible es superada por la visión intelectual, que es la que proviene de la filosofía.[12] El concepto de belleza de Platón es muy amplio, abarcando tanto la belleza física como espiritual, la moral y cognoscitiva, la belleza de los cuerpos, de los objetos artísticos, tanto como la de colores, sonidos, leyes, actitudes morales, etc. Relaciona belleza con bondad, que para él son sinónimos: el subtítulo de El banquete, que trata ampliamente la belleza, es Sobre el bien.[13]

Si es que hay algo por lo que vale la pena vivir, es por contemplar la belleza.

Platón, El banquete

Aristóteles

Aristóteles.

Así como Platón era un metafísico, Aristóteles se centra más en el terreno de la física, aplicando la lógica al estudio de la naturaleza y del ser humano. La naturaleza tiene un “germen” que da pie a la forma y el movimiento, que son las bases de la naturaleza. En el arte (cultura) el germen es el artista (el hombre); así, distingue “naturaleza”, de origen orgánico, de “cultura”, de origen psicológico. Crea un “sistema causal”, buscando una causa material en el origen de todo acontecimiento; después de la material viene una causa eficiente o motriz y, por último, una causa formal. Aristóteles distingue tres clases de pensamiento: conocimiento (θεωρία, theôría), acción (πρᾱξις, prâxis) y realización (ποίησις, poíêsis).[14]

En su Poética plantea una estética física, contrapuesta a la estética metafísica de Platón. Para Aristóteles, la belleza consiste en magnitud (μέγεθος) y orden (πάξις), cuestiones puramente físicas, y se encuentra en las proporciones perfectas, en la justa medida, en la simetría (συμμετρία).[15] En su estudio de la tragedia –lamentablemente, la parte de la comedia se ha perdido–, define esta en base a la “mímesis” (μίμησις), como imitación de una acción honrada y acabada, que implica cierta magnitud, hecha en un lenguaje refinado, realizada por personajes que actúan y que opera una purificación de las emociones o “catarsis” (κάθαρσις).[16] La función del arte imitativo es la de acabar y perfeccionar los productos de la naturaleza; el arte humaniza la naturaleza, magnificando la realidad. Así pues, la tragedia es un proceso estético: de la “mímesis”, la imitación de la realidad, a la “poíêsis”, la producción creativa.[17] Es una operación moralizadora, de humanización de la realidad. La tragedia separa la realidad de la ficción, pero también reconduce la ficción a la realidad, por medio de la “catarsis”; el primer camino es estético, mientras que el segundo es ético.

El concepto de belleza de Aristóteles se desarrolla más ampliamente en la Retórica: es bello lo que, por un lado, nos agrada y, por otro, lo que es valioso por sí mismo. Es decir, la belleza ha de proporcionar placer, y ha de tener un valor intrínseco independientemente de su finalidad. Para Aristóteles, la belleza es buena, aunque no todo lo bueno es bello; por otro lado, la belleza es agradable, aunque no todo placer es bello. A su vez, la belleza ha de ser buena y agradable a un mismo tiempo.[18]

Del arte proceden las cosas cuya forma está en el alma.

Aristóteles, Metafísica

La belleza máxima para Aristóteles está puesta en algo que se llama “Taxis”, “La Regla”, generar algo a partir del conocimiento de la regla, La belleza máxima es conocer estas reglas, incorporarlas. Denomina tres tipos de seres: Los que son movidos, los que se mueven, y los que no se mueven pero mueven al mundo, los llama “Principio de Motorinmovil”. Cuando Aristóteles se pregunta: -¿Quien mueve al mundo? Intenta escapar del mito, y capturar lo inteligible a través de la observación. Lo inteligible es lo bello, cuando lo mueve, lo hace a través del amor.

Escuelas helenísticas

Laocoonte y sus hijos, de Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas.

El período helenístico supone una cierta decadencia cultural. La filosofía deja de estudiar el mundo para centrarse en el hombre, pasando de una filosofía metafísica a una de contenido netamente moral. A menudo la filosofía se encamina en esta época a elaborar formas de vida, actitudes existenciales generalmente ligadas a movimientos religiosos, creando corrientes sincréticas en que se sintetiza la religión con la vida del hombre.[19] En el arte, se introduce un sentido de vida, de movimiento, un sentimiento trágico (πάθος , páthos), que produce obras recargadas, dinámicas, que a través de la exageración de las formas dejan traslucir fuertes emociones. Surge asimismo el concepto de “gracia”, de delicadeza de las formas.

  • Estoicismo: esta doctrina se centra en los problemas del hombre, defendiendo como mejor solución ante la vida la búsqueda del equilibrio interior, que se consigue a través de la “autarquía”, la autosuficiencia. El bien más preciado para el hombre es la felicidad, que encuentran en el ejercicio de la virtud, en la figura del hombre moderado, que domina sus pasiones.[20] Los filósofos estoicos se ocuparon esencialmente de cuestiones relacionadas con la lógica y la semántica, pero también trataron la poesía, principalmente Zenón de Citio y Crisipo. Para los estoicos, la belleza es la relación entre un objeto y la naturaleza, es decir, la armonía entre ellos (“analogía estoica”). Relacionan la belleza con la moral, con vivir la vida de forma correcta y decorosa, practicando la virtud. Así, la poesía puede ser un vehículo para la elevación espiritual, que puede conllevar tanto un placer racional como irracional, interpretando la poesía como una alegoría de la filosofía.[21] Los estoicos veían la belleza como una presencia innata al mundo, tanto en su totalidad como en sus partes constitutivas, en los objetos y en los seres vivos. Sostienen que “la naturaleza es el mayor artista”, así como “la naturaleza ama la belleza”. Creen igualmente que la fealdad sirve para realzar la belleza mediante el contraste. Distinguen entre belleza absoluta, que viene de la proporción (συμμετρία), y belleza relativa, definida en términos como conveniente o adecuado (πρέπον, en latín “decorum”). Asimismo, introducen un nuevo concepto en la psicología de la belleza: así como hasta entonces se distinguía entre ideas y sentidos, los estoicos plantean una nueva categoría basada en la imaginación, la “fantasía” (φαντασία).[22]
  • Epicureísmo: formulado por Epicuro, esta doctrina equipara el bien con el placer, creando una filosofía hedonista en que el hombre debe buscar únicamente su felicidad –si bien Epicuro hablaba más de placeres espirituales que materiales–.[23] Los filósofos epicúreos reflexionaron poco acerca de cuestiones estéticas, siendo la principal aportación la de Filodemo de Gadara: en Sobre la música sostiene que esta es incapaz de provocar emociones en el ser humano, o de producir algún tipo de transformación en el orden moral; por otra parte, en Sobre los poemas, afirma que la bondad poética (τò ποιετικόν αγαθόν) es la unidad de forma y contenido, rechazando cualquier contenido moral que la poesía pretenda tener.[24]
  • Escepticismo: esta corriente se centra en la desconfianza por la verdad, que consideran inaprehensible para el hombre. Así, afirman la imposibilidad del conocimiento, absteniéndose de todo juicio (ἐποχή): si sobre la belleza y el arte hay una gran diversidad de juicios, es imposible saber cual de ellos es cierto. Tienen una opinión negativa del arte, la música y la literatura, que para ellos no aportan ningún beneficio, pudiendo ser incluso perjudiciales, ya que su naturaleza ficticia puede confundir al hombre. Así, la belleza no tiene una naturaleza objetiva y, aunque puede proporcionar placer, este es tan sólo una sugestión sin valor práctico. Uno de sus principales representantes fue Sexto Empírico.[25]
  • Neoplatonismo: creado por Plotino, esta filosofía afirma que la belleza es interior, pertenece al alma: el arte es una representación exterior del espíritu, por lo que la belleza está en el sujeto. En Sobre la belleza, Plotino refuta la idea aristotélica de la belleza como simetría, según la cual la belleza se encuentra en el conjunto; siendo así, las partes simples de ese conjunto no serían bellas, por lo que varias partes no bellas en sí no podrían hacer un todo bello. Siguiendo el concepto del Hipias mayor de Platón, afirma que la belleza está en la vida, no en las formas, y se traduce por expresión, mirada, intensidad, algo que se esconde detrás de las formas, y que identifica como el “alma” (ψυχή).[26] Con Plotino comienza la “estética de la luz” –que se desarrollará durante el gótico–: la belleza proviene de una forma y la presencia de una luz incorpórea que ilumina la oscuridad de la materia (“metáfora solar”, el sol como metáfora de la belleza ideal). Por eso el fuego es el único que tiene belleza en sí mismo, porque no tiene forma, es la “idea” entre los elementos. Plotino asimila el mundo de las ideas de Platón en un “Uno” (τò ἕν, to hen), que es como un foco de luz, que emana en la tierra, produciendo la realidad según tres estadios o “hipóstasis” (ὑπόστᾰσις): intelecto, alma y cuerpo.[27] El alma es el mediador entre el cuerpo y el intelecto, que es el que más participa de la belleza, al encontrarse más cerca de la luz. Así, la belleza no se encuentra en la forma, sino en su “resplandor”: todas las cosas, todas las formas, tienen luz, que es donde radica la belleza. El artista ya no tiene que imitar a la naturaleza, ya que la belleza se encuentra en el intelecto, en forma de idea; trabajando con materia, tiene que pasar esta idea a la materia. Así, el artista ya no trabaja racionalmente, sino por inspiración, ascendiendo al intelecto, que es donde se encuentran las ideas.[28]
En verdad no hay belleza más auténtica que la sabiduría que encontramos y amamos en algún individuo, prescindiendo de que su rostro pueda ser feo y sin mirar para nada su apariencia, buscamos su belleza interior.

Plotino, Enéadas

Roma

Busto de Antínoo, Colección Borghese, Frascati.

La estética romana es heredera de la griega, si bien no es muy desarrollada por los autores romanos, al menos hasta la llegada del cristianismo. Las principales aportaciones vienen del terreno de la literatura: Horacio trata en su poesía temas como el elogio de la vida tranquila (“beatus ille”) y la invitación a gozar de la vida (“carpe diem”). En Arte Poética señala las reglas de la poesía, que está sometida a un control racional. Lucrecio es autor de Sobre la naturaleza de las cosas (De rerum natura), donde refleja su visión atea del mundo, influido por el epicureísmo y el atomismo de Demócrito. Opina que la naturaleza está compuesta de átomos y de vacío, y que el alma es material y no sobrevive al cuerpo. Intenta liberar al hombre del miedo a la muerte y a los dioses, que según él causan la infelicidad humana.[29] Plutarco aporta una concepción intelectualista del placer estético: el arte es conocimiento. En su obra Vidas paralelas, serie de biografías comparadas de personajes griegos y romanos, introduce la descripción psicológica del individuo, analizando sus virtudes y defectos, así como la influencia del carácter sobre la vida del hombre.

Cicerón recibió la influencia estoica, desarrollando una filosofía cercana al eclecticismo. Defiende la belleza en base a conceptos postulados anteriormente, como orden (ordo) y proporción (convenientia partium), pero introduce la noción de “aspecto “ (aspectus), concepto que hace que la belleza conmueva, atraiga. Así, distingue la apariencia, la belleza sensorial (pulchrum), puramente estética, de la belleza espiritual (decorum), presente en los caracteres, las costumbres y las acciones, de índole moral. Además, basándose en Platón, estableció otros dos tipos de belleza: “dignidad” (dignitas) y “gracia” (venustas), otorgando a la primera un carácter masculino y a la segunda uno femenino. Para Cicerón, el arte es imitación de la realidad, si bien no llega a captar su esencia: “la verdad vence a la imitación” (vincit imitationem veritas). Por otra parte, consideraba que la captación del arte proviene tanto del artista como del espectador, poseyendo el hombre un sentido especial (sensus) de la belleza y el arte. Cicerón fue el primero en estudiar el arte desde aspectos sociológicos y evolutivos.[30]

Vitruvio escribió el tratado sobre arquitectura más antiguo que se conserva, De Architectura. Su descripción de las formas arquitectónicas de la antigüedad greco-latina influyó poderosamente en el Renacimiento, siendo a la vez una importante fuente documental por las informaciones que aporta sobre la pintura y la escultura griegas y romanas. El famoso dibujo de Leonardo da Vinci sobre las proporciones del hombre –el Hombre de Vitruvio– está basado en las indicaciones dadas en esta obra. Según Vitruvio, el artista debe poseer tres cualidades esenciales: capacidades innatas (natura), conocimiento (doctrina) y experiencia (usus). Asimismo, la obra artística debe tener solidez (firmitas), utilidad (utilitas) y belleza (venustas). Entiende la belleza como un concepto amplio que abarca tanto el goce visual proveniente de la proporción y el color, como el que proporciona la finalidad, la conveniencia y la utilidad. La belleza puede ser verdadera y objetiva, teniendo su origen en las leyes de la naturaleza, que el hombre interpreta en la creación artística.[31]

Cabe señalar que Galeno introdujo en el siglo II una clasificación de las artes que llegó hasta la era moderna, divididas en “artes liberales” y “artes vulgares”, según si tenían un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la gramática, la retórica y la dialéctica –que formaban el trivium–, y la aritmética, la geometría, la astronomía y la música –que formaban el quadrivium–; las vulgares incluían la arquitectura, la escultura y la pintura, pero también otras actividades que hoy consideramos artesanía.[32]

Con Pseudo-Longino –en su obra “Sobre lo sublime”– aparece una nueva categoría estética, lo sublime (ὕψος), que tendrá gran desarrollo durante el romanticismo. Para Longino, una obra de arte bella persuade, convence, se dirige a la razón, aunque podemos discrepar; en cambio, una obra sublime tiene grandeza, no depende de la forma, prescinde de opiniones, se dirige más al interior, a una actitud psicológica. Así, es igual de buena para todo el mundo, no depende de las variaciones temporales del gusto. Lo sublime se relaciona con la belleza porque sobrepasa sus límites: la belleza es contención (magnitud y orden aristotélicos), lo sublime es incontinente; la belleza guarda las formas, lo sublime las pierde; lo bello convence y agrada, lo sublime involucra y sorprende; la belleza está en los objetos a la vista, en lo sublime el objeto desaparece. Lo sublime corresponde según Longino al último estadio del amor platónico, en que no se ve la belleza, sino que se sumerge en ella, está en un “océano de belleza”.[33]

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